Homenaje a Isaac Perales, inventor del submarino
 

Ahora que todo el mundo sabe que nuestro submarino Baldomero Castañares VP1 va a llegar a Marte, parece que fabricar submarinos es algo que está al alcance de cualquiera. Nada más lejos de la realidad: si hemos llegado hasta aquí es debido al esfuerzo y al ingenio de grandes hombres que pusieron su conocimiento al servicio de la ciencia. Sirvan estas líneas como nuestro homenaje al inventor del submarino, el Sr. Isaac Perales, hombre fundamental en el progreso tecnológico de España.

Isaac Perales nació en Cuenca en 1949, en el seno de una familia acomodada. Desde pequeño mostró gran interés por la Física y las Matemáticas, asignaturas en las que siempre obtenía sobresalientes. También tenía mucha afición por la tecnología, hasta el punto de que para conciliar el sueño, en lugar de contar ovejitas, contaba servofrenos. Apenas había cumplido diez años cuando publicó en el periódico local un artículo sobre cuestiones matemáticas titulado "Las raíces cuadradas pinchan con los picos", que fue toda una revelación y causó un gran impacto y alarma social. A consecuencia de ello, es de dominio público que en Cuenca predominan más los aficionados a los logaritmos neperianos.

Perales también atesoraba grandes condiciones para la poesía y la música, y a menudo componía piezas que resultaban del agrado de sus familiares y amigos. Contaba dieciséis años cuando pubicó en la revista del instituto de los Padres Maristas un libro de poesía romántica titulado "Para Elisa, que tiene las tetas gordas", que motivó su expulsión inmediata durante seis meses, ya que a los curas no les gusta la rima asonante. Poco después compuso una canción que alcanzó gran popularidad, la célebre "Un velero llamado Josefina Carrasco", que fue número uno en varias emisoras de radio. Al poco tiempo fue número uno en Cuenca con el tema "¿Y cómo es el?", en el que preguntaba por el Ibuprofeno (pensaba que era un defensa central del Rayo Vallecano). Siguió en las listas de éxitos con "Quisiera decir tu nombre", canción dedicada al actor Arnold Schwarzenegger. "Qué apellido más difícil tiene este tío, pero es un actor que me encanta porque me hace pensar, incluso más que Chuck Norris, fíjate", solía decir Perales. En un tono más intimista, compuso otra canción excelente, "La vecina del Quinto me anda buscando", en la que combinaba con gran acierto el deseo de trascender con los azares de los juegos amorosos. También fue muy popular el tema "Celos de mi guitarra, la que no tiene cable y no hay que enchufar ni nada", de la que guarda un gran recuerdo Perales: "estoy muy orgulloso de esa canción porque la compuse en una tarde, con dos cojones."

Un día de verano de 1968, estaba en el río dándose un baño y haciendo el animal con sus amigotes, cuando uno de ellos le atizó con un palo en la cresta y lo dejó aturdido, de modo que comenzó a hundirse poco a poco. Tras ser rescatado y recuperar el conocimiento, comentó que mientras se hundía suavemente había visto la luz y había sentido una gran paz dentro del agua. Sus amigos no dieron importancia a este comentario, pues pensaban que aún estaba algo confundido, y le atizaron otro leñazo en la cresta, como es lógico, para que volviera en sí. Perales, que era muy reflexivo, dedicó los siguientes días a pensar sobre lo que le había ocurrido bajo el agua y concluyó que sería muy interesante inventar un vehículo sumergible, al que llamaría "submarino". También pensó que le convenía cambiar de amigos.

Poco después comenzó sus estudios de Ingeniería, en los que obtenía muy buenas calificaciones, al tiempo que iba desarrollando su concepto de submarino, realizaba los cálculos necesarios, etc. De esta época se conservan algunos de sus cuadernos de notas, en los que podemos leer observaciones muy jugosas, como por ejemplo éstas:

"En aras de obtener la debida resistencia, el casco del submarino irá remachado y soldado mediante soldadura oxiacetilénica. Si no, al primer golpe se va a tomar por culo."

"Dado que la dotación de maquinaria e instalaciones debe ser abundante y construida en acero, resultará un conjunto de peso considerable, lo cual dificultará sobremanera la flotabilidad de la nave. Tengo que hablar con Arquímedes a ver cómo arreglamos esto."

"Igual le pongo algo como unos catalejos para mirar a las tías que están en la playa y le llamo periscopio."

"Esto con un motor de Mini Cooper 1300 tiene que andar la hostia."

"Si a este bicho le colocamos unos torpedos con un poco de gusto, lo podemos pasar bomba hundiendo barcos."

"En Cuenca, el tema de los submarinos está muy parao."

En 1973 terminó de construir el primer prototipo a escala 1:100, fabricado con medios artesanales. La primera prueba no resultó del todo satisfactoria, pues la hizo en la ducha, y allí el submarino tocaba fondo sí o sí. Es lo que tiene trabajar con pocos medios. Perales no se arredró y probó el prototipo en la piscina municipal, con resultado también negativo, pues era noviembre y estaba vacía. Tras esa amarga experiencia, anotó en su cuaderno: "no sé quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza. Con humildad pido al Señor que me dé fuerzas para sobrellevar esta terrible amargura, pues aunque intuyo que mi nave posee flotamiento, parece que todas las fuerzas malignas del averno se han confabulado contra mi persona. Total, que estoy hasta los huevos."

Sin embargo, el que la sigue la consigue, y el prototipo fue dotado progresivamente de mejoras que le proporcionaron mayor resistencia y flotabilidad. Cuando Isaac Perales consideró que disponía de un diseño definitivo, cogió toda la documentación del proyecto y fue a patentarlo a la Oficina de Patentes y Marcas, situada en Madrid. El veterano funcionario que le atendió, hombre preparado y metódico, revisó los planos, cálculos, etc. y le dijo: "Mira, Perales, esto del submarino ya lo había patentado otro señor hace muchos años, pero veo que tu diseño incorpora elementos novedosos como la mesa de ping-pong o las alfombrillas de goma para piloto y acompañante. Por tanto, podemos concluir que tu invento es totalmente original. Además, yo también soy de Cuenca, y me has caído bien, así que te pongo como inventor del submarino y a correr."

La gran mayoría de los submarinos fabricados desde entonces sigue las pautas dictadas por Perales, que pasará a la historia como uno de los grandes inventores españoles de todos los tiempos. Si no le han concedido aún el Premio Nobel de Física es por la rivalidad acérrima existente entre las ciudades de Cuenca y Estocolmo, y sobre la que no incidiremos aquí para no exacerbar aún más los ánimos.

Durante los últimos años, Isaac Perales ha dedicado sus esfuerzos a restablecer el buen nombre de las raíces cuadradas, detalle que le honra. También ha compuesto muy buenas canciones para muchos intérpretes que se hacen pasar por cantantes, pero ese es otro asunto.